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El efecto de la pandemia ha sido claramente asimétrico según grandes sectores de actividad. Cada uno se ha visto más o menos afectado en función del peso que tienen dentro las actividades consideradas esenciales, de las limitaciones concretas que puedan derivarse de directrices específicas de salud púbica, del retraimiento de la demanda, especialmente de bienes de consumo dura dero y de equipo, o del efecto que pueda haber tenido la ruptura de circuitos económicos globales como consecuencia del cierre de fronteras (cadenas logísticas, tráfico aéreo de pasajeros).
Así, el sector de agricultura, ganadería y pesca, considerado esencial en su práctica totalidad, no ha experimentado ninguna con- traccióncontracción, sino más bien al contrario, una cierta expansión de su actividad, especialmente en pleno confinamiento durante el segundo trimestre de 2020 (+6,5%). En el extremo opuesto, el sector de construcción es el más afectado al no ser considerado en su mayoría como un sector esencial y postergarse posiblemente muchas decisiones de inversión y gasto de empresas y familias. En industria y en servicios la caída de actividad es también muy profunda, como efecto de los factores reseñados más arriba y de la peculiar mezcla de ramas de actividad presente en cada caso (ver gráfico ''Evolución del Valor Añadido Bruto'').
Pero, si el impacto sectorial de la pandemia es desigual, la recuperación de la actividad a partir del tercer trimestre de 2020 lo ha sido más. El sector de la construcción es de nuevo el que muestra un comportamiento más deprimido, mientras que el sector industrial es el que con mayor vigor recupera en términos generales la actividad durante el tercer trimestre de 2020, una vez liberado de restricciones y en la medida en que se van recuperando el consumo nacional e internacional y las cadenas logísticas globales. La recuperación es bastante menos clara en el sector servicios, lastrado sin duda por las restricciones a la movilidad y a su apertura al público por razones de salud pública, que han afectado claramente al comercio no esencial, a las actividades culturales, y muy especialmente, al ocio y a la hostelería muy dependientes de la demanda turística, tanto nacional como internacional.
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