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Por último, dos rasgos que merece la pena destacar son la proporción de hogares con cinco personas o más y la esperanza de vida en buena salud. En cuanto al primero, destacan las provincias de Almería y Murcia con cifras que rondan el 9%, mientras que en el otro extremo bajan hasta el 4% Asturias, algunas provincias de la Meseta septentrional, y las provincias de la raya de Portugal, desde Ourense a Cáceres y Asturias bajan hasta el 4%. Las cifras del resto del país son similares a la media nacional.
Para cartografiar la ''Esperanza de vida en buena salud'' se utiliza la comunidad autónoma como unidad espacial de análisis y se tiene en cuenta un doble matiz: los años de vida saludable al nacer y los que se estima como tales a partir de los 65 años. En el primer caso, una gráfica muestra la evolución desde 2007 a 2018 con perfiles muy dispares que no permiten deducir comportamientos espaciales bien definidos; en el segundo caso, parece detectarse una mayor extensión de la vida saludable después de los 65 años en el interior y noroeste peninsular, País Vasco y Baleares frente al resto.
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Mucho más ilustrativos para los efectos que ahora interesan son los cuatro mapas que aluden al poblamiento; es decir, a la forma en que están implantados los asentamientos en el territorio. En España, frente a la extraordinaria proliferación de núcleos habitados en el noroeste peninsular y la cornisa cantábrica, se distingue el resto del territorio con un número ostensiblemente inferior de asentamientos en cada provincia, aunque . No obstante un análisis más detenido nos podría demostrar que en su interior se dan, a su vez, matices diferenciales entre ámbitos de mayor proliferación de aldeas, caseríos o lugares habitados y otros con menor implantación (ver mapa de ''Entidades de población''). La población en diseminado –aquella que habita en núcleos al margen del que hace de cabeza municipal– alcanza también valores altos en Galicia, aunque también muestra un peso significativo en la fachada mediterránea. Las razones concurrentes en estos dos entornos pueden ser, obviamente, distintas, así como su origen en el tiempo.
En suma, frente a una mayor dispersión del hábitat en la periferia, bien que sea por motivos geográficos, históricos o funcionales, aparece un interior peninsular con una mayor concentración, si bien con diferencias significativas entre la Meseta septentrional, con núcleos más cercanos unos a otros, aunque de menor tamaño, y la meridional que manifiesta un menor número de asentamientos, guardando una mayor separación entre ellos y con términos municipales más extensos.

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